A Ana, mi banco de recuerdos.
"Acuérdate de mí cuando me olvides"
Fuimos a comer como hemos hecho tantas veces a lo largo de estos años. Esta vez era diferente, celebrábamos todo y nada en particular: la vida, pese a todo, continuaba, y teníamos la oportunidad de ponernos al día; demasiados meses de confinamiento. Nos dieron aquella mesa de la esquina tan romántica: nos miramos divertidas y no pude evitar pensar que con mi nuevo corte de pelo, parecíamos, pese a los tacones y el vestido, una pareja recién estrenada.
En aquella larga sobremesa, como tantas otras, fuimos pasando de un tema a otro, tomándole el pulso a nuestras vidas. Compartimos, como tantas veces, pensamientos inconfesables, proyectos imposibles, temores escondidos: hablar en voz alta de nuestros miedos siempre nos hizo menos vulnerables, más inconscientes acaso. Al final, acabaste hablándome del banco de recuerdos. Me contaste a media voz cómo J., mientras archivaba la última foto que hizo en vuestra casa, os confesó: esta, para mi banco de recuerdos, para que cuando ya no sea capaz de recordar quién soy, pueda ver esta imagen y saber que un día fuisteis mis amigos y formasteis parte de mi vida. Pese al profundo desconcierto, me sedujo la idea: archivar imágenes, audios, pero, sobre todo, palabras era casi una auténtica provocación contra las pérdidas que impone siempre el paso obligado del tiempo. ¿Qué otra cosa si no intentaba yo hacer a lo largo de estos años a través de tantas palabras?
Decidí adentrarme al azar en alguno de esos recuerdos: casi de inmediato, me dí de bruces con un amante redimido que, pese a todo, temía olvidar su historia. Quizá necesitase poder contarla para tener la certeza de que un día fue cierta. Con los años uno acaba confundiendo los sueños con los recuerdos. Pero este era cierto: estaba escrito. Había regresado a su vida de siempre pero guardaba un secreto y eso lo hacía diferente.
En aquella larga sobremesa, como tantas otras, fuimos pasando de un tema a otro, tomándole el pulso a nuestras vidas. Compartimos, como tantas veces, pensamientos inconfesables, proyectos imposibles, temores escondidos: hablar en voz alta de nuestros miedos siempre nos hizo menos vulnerables, más inconscientes acaso. Al final, acabaste hablándome del banco de recuerdos. Me contaste a media voz cómo J., mientras archivaba la última foto que hizo en vuestra casa, os confesó: esta, para mi banco de recuerdos, para que cuando ya no sea capaz de recordar quién soy, pueda ver esta imagen y saber que un día fuisteis mis amigos y formasteis parte de mi vida. Pese al profundo desconcierto, me sedujo la idea: archivar imágenes, audios, pero, sobre todo, palabras era casi una auténtica provocación contra las pérdidas que impone siempre el paso obligado del tiempo. ¿Qué otra cosa si no intentaba yo hacer a lo largo de estos años a través de tantas palabras?
Decidí adentrarme al azar en alguno de esos recuerdos: casi de inmediato, me dí de bruces con un amante redimido que, pese a todo, temía olvidar su historia. Quizá necesitase poder contarla para tener la certeza de que un día fue cierta. Con los años uno acaba confundiendo los sueños con los recuerdos. Pero este era cierto: estaba escrito. Había regresado a su vida de siempre pero guardaba un secreto y eso lo hacía diferente.
Volví a verme a mí misma otra vez de anciana tal y como nos hemos imaginado siempre: contándonos una y otra vez las mismas historias que ya conocemos y que, a veces, incluso llegamos a dudar de a quien pertenecen. Supe que si algún día la memoria me abandona, tú serás el testigo más veraz de todo lo vivido. Recé en voz alta para que, al menos tú, conserves intactos los recuerdos compartidos a lo largo de estos años. Dormí en paz, feliz de poder imaginarme otra vez en una larga vida, sintiéndome, definitivamente, a salvo del olvido.

Casi no me atrevo a escribir detrás de tí, ni antes de tí. Tú escribes...yo hablo.Sin embargo no he podido dejar de pensar en una de nuestras palabras (y libro) preferidos "la tregua", y eso es lo que, de tanto en tanto nos permitimos la una a la otra en el filo de las horas y un café.
ResponderEliminarRecordar.Imaginar.Soñar.
¿No es lo mismo?.
Somos tan distintas y tan parecidas que da miedo, los fugaces y falsos amantes son tan iguales que quizás son el mismo,porque no son ellos sino nuestras proyecciones quien los crea y los recrea, Así que, te prometo, y (otra de nuestras palabras preferidas) sabes que es una certeza, que cuando una no pueda, la otra recordará o soñará o imaginará o amará por la otra.
(¿o no lo hacemos ya?)
Gracias por convocar siempre tantas certezas.
ResponderEliminarDe vez en cuando, paso revista a mis recuerdos. A veces, incluso, desempolvo alguno que otro que yo creía sepultado en el olvido. Y los vuelvo a mirar desde esta orilla en la que ahora me encuentro. Y me siento agradecida por todos los momentos en los que "yo no pude" y fuisteis otros los que " recordasteis, soñasteis o imaginasteis" por mi.
Es un texto precioso sobre la amistad y sobre la confianza!
ResponderEliminarSin palabras, después de lo escrito por ambas. Por eso me "apropio" de otras palabras.
***
Y de Benedetti, claro:
Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Que lazos tan sutiles va tejiendo la amistad. Y lo que era solo de dos va creciendo y abriendose a otros a través de las palabras escritas en el mismo lugar, de las pronunciadas ante un mismo auditorio y de las compartidas, espero, tras tu próxima charla sobre Alberti a la que acudiremos puntualmente las tres.
ResponderEliminarUfff, qué responsabilidad! Es el próximo miércoles...
ResponderEliminar¡Qué alegría!
ResponderEliminarAlberti...
Allí estaremos