ROSANA.(en pie junto a él)
¡Cada uno de nosotros tiene una herida: yo, la mía...! Esta vieja herida, sin embargo, está siempre viva.
Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac
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| Munch, El grito |
De vez en cuando aparece. Yo temo siempre su llegada. Despierta mi impotencia, toda la rabia dormida en mis húmedos sótanos. Después desaparece dejando un rastro de desolación.
Esta vez llegó en clase, convocada por una sola palabra, reclamada por muchas voces infantiles. Leían un texto en el que aparecía una viuda. Los compañeros le contaron a la maestra a modo de acertijo que en la clase había alguien cuya madre estaba viuda. Ella empezó a hablar de su padre con la misma naturalidad de siempre pero esta vez lloró. No quería llorar pero sus ojos se negaron a obedecer. La maestra le dio un beso. Las otras niñas lloraban también por la hipotética muerte de sus padres sin importarles mucho la otra muerte, que era real, pero era de otra.
Volvió cansada y me contó la anécdota. Me decía que sus amigas se quejaban de sus padres. Que a veces le contaban que desearían no tenerlos. Ella siempre pensaba lo mismo: entonces dámelo a mí. Y reímos imaginando el robo de cientos de padres que íbamos escondiendo en casa, tras las puertas, en los armarios, bajo las camas. Me prometió escribirme el cuento de la niña que raptaba padres. Y me imaginé a aquel señor con bigote cenando conmigo en nuestro comedor mientras con voz engolada la llamaba hija por primera vez.
Por la noche la oí llorar. Era un llanto bajito, desconsolado, un llanto huérfano de padre. Me acerqué silenciosa y me abrazó. Esa tarde había abierto su caja de los recuerdos y los había vuelto a ordenar y a repasar, eran tan pocos... el juguete que le regaló al salir del médico aquel día, la camiseta con la que a él le gustaba dormir, la foto de la que no se separaba durante los primeros meses, el texto que le escribió tras su muerte y los regalos del día del padre. Estaban todos, el de los cinco años y el de los seis y el de los siete porque siempre fue igual de obstinada y prefirió guardarlos a regalarlos a alguien que no fuera él.
Nunca encuentro palabras de consuelo para ella. Es imposible inventarlas porque siempre suenan falsas, huecas, impostadas. Esta vez solo soy capaz de decirle: escríbelo, cuéntalo en tu diario y verás como duele menos. Se mete en mi cama y me pregunta: mama, ¿has escrito ya aquello que te dije? Es que me gustaría tanto que simplemente se hubiese ido... Y comienzo para ella la historia de un padre al que todos creían muerto pero simplemente se había ido... Y se va adormeciendo con mis palabras y el llanto va cesando y llega el sueño y juntas burlamos el dolor un día más. Y yo aprovecho su sueño para empezar a limpiar con palabras el rastro de desolación que la muerte siempre deja a su paso.

Morir no duele mucho:
ResponderEliminarnos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:
la costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:
los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,
brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.
Emily Dickinson, (en el aniversario de su muerte)
Llevaba varios días sin entrar en este rinconcito. Ls conexiones en este hotel no son buenas porque las habitaciones, tipo bungalós, están alejadas de la central. Estos días, hace mucho viento en Lazarote y me imagino las redes despeinadas y confusas, sin encontrar el camino hacia mi tableta.
ResponderEliminarHoy me has hecho llorar. Y me he puesto a dar hipidos en un salón con otros internautas, sillones de mimbre, calma de la mañana.
No deberían sufrir nada los niños.
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Tu imaginación y tu humor son fantásticos para quitarle peso al drama.
Y ahora te ánimo a que redactes un cuento para niños sobre ese tema. Porque hay otros niños que también han perdido a sus padres y necesitan un texto para el consuelo.
Me ha encantado la imagen de los país escondidos, todos para ella... Jejejejej.
Hay un cuento en el que cada niño que se enfada con su padre, lo pierde. Y puede ir a una tienda de padres a encontrar al perfecto. Al cabo de las páginas cada uno termina prefiriendo al suyo, con sus defectos y virtudes. No recuerdo el título...
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Un beso canario chillón desde Playa Blanca, Lanzarote
Llevas razón en eso de que debo escribir un cuento para niños sobre el tema. Es algo en lo que pienso desde hace años. Creo en el poder reparador de la palabra, bien lo sabes. Me encanta ese que me cuentas. Quizá si perdiéramos a nuestros padres, a nuestros hijos o a nuestras parejas cuando nos enfadásemos, volveríamos a elegirlos otra vez, con sus defectos y sus virtudes.
ResponderEliminarCuriosamente, esta mañana acabo de comprar un libro que me ha conmovido "Cuentos populares de la madre muerte" de Ana Cristina Herreros. La conocí gracias a ti: Peronila y sus cosicas me agregó como amiga en el facebook, me indicaban que ya era amiga tuya y acepté sin dudarlo, Entré en la página y fui viendo las distintas actividades. Casualmente, anoche clausuraban el festival "Muestra de narración oral" con la artista Ana Griott, que es el nombre artístico de Ana Cristina Herreros. Me sedujo durante hora y media solo con su palabra Eso que nuestros alumnos piensan que es un invento de "El club de la comedia" lleva haciéndose con los cuentos desde los años 90 en bares y espacios abiertos. Me conmovió un cuento de Zaire titulado "La muerte matrona". Sé que eres una gran aficionada a los cuentos tradicionales, te regalaré a la vuelta algún título de esta autora.
Por cierto, la tienda en muy coqueta, no sé si has estado, y la dueña tiene una forma de entender la literatura muy en consonancia con nosotras.
***
Me encanta imaginaros a S. y a ti disfrutando de ese merecido viaje.
Nos vemos a la vuelta.
Veo que no se puede escribir bien si no es en el ordenador: en mi texto hay palabras que no son las que estaban. El corrector o el duende, las cambia:
ResponderEliminaránimo> animo
país > papis