lunes, 12 de mayo de 2014

MICRORRELATO: FONDO DE ARMARIO




Miguel Crespo, Fondo de armario



Sabía la fecha exacta y la hora precisa en que su personaje cobró vida. Su grado de estupefacción fue tal que a medio día, casi a punto de que su mujer entrara por la puerta, aún estaba paralizado frente a él sin saber qué hacer. Ya era mala suerte que le pasara precisamente con un personaje femenino. De momento, y solo para salir del paso, decidió meterla en el armario. Le suplicó casi en un susurro que guardase silencio hasta la tarde, momento en el que volverían a quedarse solos. Después, ya verían lo que hacer. 

Los meses pasaron y él, pese a su oficio, no encontraba palabras convincentes con las que justificar la presencia de una mujer en el armario. A veces, en la hora de la siesta, se oían ruidos tras la puerta que achacaba siempre a la carcoma. Otras, al ir a buscar una corbata, las encontraba anudadas formando una bandera multicolor. Pese a todo, no se olvidaba cada noche, al ir a preparar la ropa del día siguiente, de darle un tierno beso en la mejilla y desearle dulces sueños. Incluso cuando la oía suspirar a media noche, se levantaba a hurtadillas para pasarle la mano por el pelo como hiciera con su hija cuando era pequeña. 

Nada le hizo presagiar lo que sucedería la mañana que, en contra de su costumbre, olvidó cerrar el armario. Al entrar en la habitación para cambiarse de ropa como hacía siempre que acababa la jornada, le sobresaltó encontrarse con la voz de su mujer a esa hora desacostumbrada. A través de la puerta entornada, sus palabras se le fueron clavando una a una como invisibles alfileres bajo la piel:
-ya verás la sorpresa que se lleva cuando descubra que al fin me he decidido a deshacerme de su fondo de armario.


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