"Dicen que no se está de vuelta
jamás de esta lucha"
El grifo estuvo goteando toda la noche. Era un sonido débil pero insistente, imperceptible a duras penas para unos oídos que no estuviesen habituados al insomnio. Una gota lenta y machacona amplificada en el silencio de la noche. El murmullo de su miedo agazapado tras las venas. Se levantó. Se arregló como si de una cita se tratara. Se puso su perfume preferido. Se pintó con esmero. Recogió el sobre aún sin abrir y se sentó frente a él intentando aparentar una naturalidad fingida. Le pesaba el denso aroma de su propio perfume, al que ya no estaba acostumbrada, y el frágil equilibrio del tacón, que ya no le devolvía la imagen de mujer segura que intentaba aparentar. No estaba segura de nada. Por primera vez era consciente de su miedo. Le habría gustado confesarlo allí mismo, pero no tuvo valor y se decidió a articular con voz firme el alegato final de su defensa. Abrió el sobre con las notas de su abogado y comenzó el relato lento de los hechos, sin omitir ni una sola de las circunstancias que la habían llevado hasta allí. Necesitó varias horas. Después, un silencio denso como el humo de las fábricas se cernió sobre ellos. No fueron necesarias más palabras: en su mirada compasiva adivinó la libertad condicional. Y aunque sintió que nunca más tendría libertad sin condiciones, supo hacer de cada una de ellas la grandeza de su libertad.

El miedo que siempre se me queda pegado a la garganta tras una revisión médica empieza ya a esfumarse. Solo consigo desprenderme de él cuando lo vuelvo palabra y lo convierto en el miedo de otros, como el de la presa que se presenta ante el juez que, compasivo, firma su libertad condicional. También yo sé que esas condiciones forman ya parte de mi vida y me siento profundamente agradecida.
ResponderEliminarNADA TE PUEDE PARAR MAS QUE TUS MIEDOS, NADA TE PUEDE VENCER MAS QUE TU MENTE, Y TIENES DOS MITADES DE TU SER POR LAS QUE TODO VAS A CONSEGUIR
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