OTRA PIEL
"Sacudí las cenizas de mis párpados"
Movió los ojos y comenzó a enumerar cada uno de sus actos de fe: en los latidos de su corazón, en la cadencia de su respiración, en la certeza del nuevo día. Hasta ese instante, no había pensado en ello ni una sola vez, pero desde que podía observar la perfecta mecánica de su cuerpo, se sabía agradecido por aquellos 50 años en los que había funcionado con la precisión de un reloj suizo. Ahora, en cambio, parecía el motor de una vieja Norton abandonada. Sería necesario un milagro para ponerlo en marcha otra vez -escuchó decir a uno de los médicos. En ese momento, intentó mover un dedo para ver si, como en las películas, alguien se percataba de que estaba consciente y lo arrancaban de aquella soledad amenazante, pero no respondió; debía de estar petrificado, como todo su cuerpo. Probó a mover las manos y los pies con idéntico resultado. Después la boca. Nada. Por primera vez, tuvo conciencia de que había enmudecido, como el que pierde repentinamente el aliento y en el breve espacio de unos segundos asume de golpe su condición de mortal. Después, solo el tacto de una mano sobre los párpados fríos y el terror y la esperanza de ser ya en otra piel.
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