"Hay cosas que no pueden elegirse"
Inmaculada Mengíbar
![]() |
| Lilya Corneli |
Lo peor de cumplir años es renunciar de un plumazo a buena parte de los sueños que nos hicieron niños. Recuerdo con nitidez el día que mi hermano me contó lo de los Reyes. Era verano, una de esas siestas aburridas en las que, aunque no durmiésemos, estábamos obligados a permanecer dentro de la habitación, en silencio. Los susurros fueron creando el clima propicio para las confidencias y ahí fue cuando me lo soltó, de golpe y casi sin respirar, como si me estuviera confesando el más atroz de los asesinatos: "los Reyes son los padres". Me quedé en pleno agosto con el frío de enero helándome por primera vez los sueños. Callamos y no se lo dijimos a nadie, como dos cómplices que estrenaban un secreto que ocultar.
Como en un sueño, he vuelto a la sorpresa y al pasmo de aquella tarde de agosto. A Belén una amiga le ha mandado un whatsapp contándole su gran descubrimiento, sus padres se lo habían confesado y no ha tardado en buscar quien la refrende. Con qué espanto me preguntaba si aquello era verdad. Qué abismo en su mirada. Después de intentarlo con un cuento, de hablarle de las auténticas ilusiones y de declararle las cosas en las que aún creemos, no podía entender que, metida en la cama, no quisiera saber nada de los regalos. Al final supe todo lo que de golpe hoy perdía Belén: me contaba entre lágrimas que, aunque lo creía imposible, le había pedido a los Reyes que le trajeran de vuelta a su padre, y ahora que ya no existían, sabía que su deseo quedaría huérfano para siempre. No, no era la misma pérdida que yo recordaba. Con los Reyes se ha esfumado definitivamente la magia de la infancia. Hoy, y no hace unas semanas, es cuando Belén se ha hecho mujer de repente, como suceden las cosas definitivas: sin que nadie nos advierta que abandonamos para siempre una forma irremplazable de contemplar el mundo, nuestro mundo.

Es una de las verdades más atroces que tenemos que encajar en la infancia, la de los Reyes.
ResponderEliminar(Y aún las hay más tremendas)
¡Se crece a fuerza de llanto!
***
¡Belén es tan especial!
***
Ahora el secreto de esa verdad se envía por whatsapp, ay; las confidencias de la siesta van quedando a merced del dedo y un teclado en la pantalla.
Es cierto que se crece a base de llanto. El llanto es a veces la puerta de entrada a emociones y a verdades que nos van configurando por dentro, modelando nuestra sensibilidad y nuestra forma de ver el mundo.
ResponderEliminar***
Tenía tantas dudas con eso del móvil. Cedí este verano, por la necesidad, y se rompió. Han tardado mucho tiempo en arreglarlo. La consigna era solo los fines de semana, pero estas vacaciones como lo acababa de recuperar, se lo dejé y ya ves: la inmediatez de las noticias. Vuelvo a replantearme lo del móvil.
Es tema complejo el del móvil, pero no se puede ir a contra corriente. Hay que educar en los móviles, en las redes sociales... Hay que confiar en los hijos, hasta que no demuestren lo contrario... Y que ellos sepan que tú confías en ellos.
ResponderEliminar