Con ustedes, Ángel González, a quien tanto le debo. A veces no es necesaria mayor carta de presentación. Solo quería que escuchasen algunos versos suyos. Leer poesía es, les digo con verdadera convicción, hacer acopio de palabras que nos salven; memorizar versos para cuando decir "te quiero" no basta.
"(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta)"
Para mí charla fallida había buscado dos poemas de Ángel González que me encantan.
ResponderEliminarMañana te los enviaré desde el ordenador. Te escribo en la tableta.
***
Buenas noches
Genial. Me encantará que los compartas. Hablaremos de poetas para adolescentes. Habìamos empezado con Benedetti, como yo hice cuando tenía su edad, con el genial Raúl Vacas, con alguno de whitman... Los profesores dejamos mucho en ellos de nuestras filias y nuestras fobias y ellos que están en esa edad tan permeable se dejan llevar, a veces, con resultados increíbles.
ResponderEliminarEl viernes tocaba recitar un poema de forma sorpresiva a cada uno de los profesores de la mañana. A mitad de una clase un alumno se ponía de pie y comenzaba: "Desmayarse, atreverse, estar furioso", otro se levantaba y continuaba con el segundo verso, así hasta recitar el poema que, entre todos, habíamos elegido y ensayado. También tocaba colgar poemas por las paredes del instituto. Los más valientes podían atreverse a crearlos. Todos iban con dedicatoria. Mi sorpresa fue ver el que mi alumna A. Había compuesto para mí: todo un honor. Lo había titulado "Sensei" y que una apasionada de la cultura japonesa me considere su Sensei es señal inequívoca de que algo estamos haciendo bien.
Mis alumnos y yo te debemos el recital del viernes; digo te lo debemos porque ellos mismos se encargaron de recordarme que esta actividad se debe a ti. Es frecuente que te cueles en nuestras clases, con cariño, desde la frágil y limpia memoria de nuestros pupilos. Ellos te recuerdan. Me consta, además, que A. escribió ese poema con amor y admiración; es una chica preciosa y qué voz tan dulce tiene... Enhorabuena, Sensei.
ResponderEliminarY mis poema de Ángel González son:
ResponderEliminarA VECES, EN OCTUBRE, ES LO QUE PASA...
Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;
cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;
entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:
esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.
No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.
INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR
Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,
orillas de los ríos,
bancos públicos.
Los contrafuertes exteriores
de las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.
Pero desengañémonos: las bajas
temperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben
la caricia (con exenciones
para determinadas zonas epidérmicas
-sin interés alguno-
en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»
puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,
córneas torturadas,
implacables pupilas,
retinas reticentes,
vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,
de vaciar el alma de ternura
y llenarla de hastío e indiferencia,
en este tiempo hostil, propicio al odio.
Leo poemas al azar,
ResponderEliminarleo casi sin pensar en lo que leo.
Cuando me encuentro un verso triste,
siento en mi alma como una caricia.
No es que me alivie la tristeza ajena;
es que me siento menos solo.
Del del último libro de Ángel González, "Nada grave".
ResponderEliminarEl día se ha ido
Ahora andará por otras tierras,
llevando lejos luces y esperanzas,
aventando bandadas de pájaros remotos,
y rumores, y voces, y campanas,
-ruidoso perro que menea la cola
y ladra ante las puertas entornadas.
(Entretanto, la noche, como un gato
sigiloso, entró por la ventana,
vio unos restos de luz pálida y fría, y
se bebió la última taza.)
Sí;
definitivamente el día se ha ido.
Mucho no se llevó (no trajo nada);
sólo un poco de tiempo entre los dientes,
un menguado rebaño de luces fatigadas.
Tampoco lo lloréis. Puntual e inquieto,
sin duda alguna, volverá mañana.
Ahuyentará a ese gato negro.
Ladrará hasta sacarme de la cama.
Pero no será igual. Será otro día.
Será otro perro de la misma raza.
Y este, del que muchas noches recuerdo vagamente su sentido de pérdida. No lo incluí en la charla... (Iba sobre la lectura placentera)