este sueño de cristal"
Pierre Réverdy
Doy vueltas sobre un caballito alado
de ojos desdibujados
y crines oxidadas por el tiempo.
El carrusel gira con la secreta
cadencia que marca la vida
alrededor de unas manos
cada vez más lejanas
acaso más viejas
confundidas con la masa
enfebrecida que saluda a sus retoños.
Adivino sus miradas atentas
en cada ráfaga fugaz
y aprieto la boca
fingiendo sonrisas
mientras la tristeza resbala
sobre mis desnudos tobillos
de colegiala.
Suena el final del trayecto.
Borracha, ensordecida por la música
echo mis brazos al aire
y se hace un silencio mortal.
y se hace un silencio mortal.
A ratos
-tú lo sabes-
aún soy la misma niña triste
de entonces
atravesada por la luz de una infancia
desgarradoramente feliz.
-tú lo sabes-
aún soy la misma niña triste
de entonces
atravesada por la luz de una infancia
desgarradoramente feliz.

Recuerdo que de pequeña siempre me entristecía la feria del pueblo. La noria era una de las atracciones preferidas de mi padre y siempre quería que subiésemos juntos; nunca tuve el valor de decirle que no me gustaba.
ResponderEliminarMi infancia era eso, la tristeza de no saberme feliz.
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ResponderEliminarEste poema procede de una de las conversaciones de recreo en la que nos confesamos entre risas que siempre fuimos unas niñas tristes. "Quizá por eso leíamos tanto", decíamos complacidas. Ahora me sorprendo al comprobar que a ti también te ponía triste la feria.
ResponderEliminarEsta es una sensación que me persigue incluso ahora que soy yo la que aguarda junto a las atracciones la imagen fugaz de la sonrisa de mis hijos.
Buenas noches.
Y aunque ahora soy una adulta razonablemente feliz, creo que quizá se entendería mejor con el poema de Borges titulado "El remordimiento":
ResponderEliminarHe cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.
Preciosos¡
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