lunes, 18 de marzo de 2013

FONCHITO Y LA LUNA



Fonchito y la luna. Mi primer Vargas Llosa. Editorial Alfaguara
Ahora que de lo único que dispongo es de tiempo, a falta de energía con la que salir a conquistar el mundo, me asomo expectante a través de las palabras a historias imposibles que me devuelven la fe en el "colorín, colorado" de los cuentos.

¿Quién no ha soñado con imposibles? ¿Acaso en algún momento de  pasión adolescente no nos atrevimos tímidamente a pedir un imposible? Esa primera vez es siempre la última, y así, con la urgencia que confiere siempre el fracaso, nos adentramos definitivamente en el mundo de los adultos, en el que pedir la luna  se convierte, casi siempre, en una provocación.

Pero, ¿qué pasaría si un día, a cambio de un beso alguien nos entregara la luna? Quizá, como por encanto, recobráramos la fe en el amor y en la felicidad y en los imposibles y volviéramos a leer  nuestra propia vida como un cuento que, esta vez sí, acaba con el: "y fueron felices para siempre".



2 comentarios:

  1. Los cuentos... ¡Qué magia!
    Y no se pierde la ilusión con los años: abrir uno, ver los dibujos, leerlo o que te lo lean.
    ***
    Fui un día el año pasado a contar y leer cuentos a la clase de mi nieto, de tres años entonces. Y todavía hoy, los niños, cuando me ven, me piden que vaya otro día a contarles un cuento.
    Este les encantó:
    http://www.youtube.com/watch?v=rAtKJW1Ja7w

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  2. El cuento que recomiendas, qué curioso, es de Beatriz Montero una autora que pertenece a la Red internacional de cuentacuentos. Ayer, casualmente, estuve con mis hijos sentada bajo un olivo en nuestra casa del campo viendo algunos vídeos de estos geniales cuentacuentos. No tiene precio contemplar sus caras.

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