"El alma de las personas consiste en su memoria"
Carmen Riera
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| Mujer escribiendo, Picasso |
No se sorprendió al reconocerse en la trama de aquella novela que acababa de presentarse a los medios. No experimentó "alivio, ni humillación ni terror"; después de todo, ella no era más real que cualquiera de aquellos personajes. Sólo sintió frustrada su vocación de escritora. Tantos años pensando su propia vida en tercera persona, novelando su propia realidad para así digerirla mejor, justificando cada nuevo revés de la fortuna por el bien de su obra para esto: otra y no ella era la que promocionaba la novela al tiempo que ultimaba su discurso de ingreso en tan prestigiosa institución.

¡Nadie podrá quitarte el dolorido sentir ni la escritura!
ResponderEliminar¡Eres una escritora auténtica!
¡Me encantan tus microrrelatos! Tendrás alguna vez que publicarlos en un libro. ¡Será un hermoso e intenso libro!
Hace unos días, un amigo me pedía que le explicase un microrrelato (no era mío, por cierto) y me vi a abocada a la difícil tarea de intentar traducir a palabras el sentido de un texto que necesariamente debe experimentarse en un primer momento como un fogonazo o como una intiución.
ResponderEliminarEn esta línea, resultan muy esclarecedoras las palabras de Rubén Abella y Fernando Valls acerca de los microrrelatos: “Hay una idea muy extendida, para mí errónea: escribir microrrelato es fácil; y no es así, puede ser más complicado que un poema. El ejemplo del viajero urbanita sirve para describir al lector de estas piezas. “Debe tener un hábito de lectura, saber leer entrelineas, además de referentes porque este género se presta mucho a la metaliteratura”, plantea Abella. “Debe leerse igual que un libro de poemas, puede producir empacho hacerlo de un tirón”, asegura Valls, “hay que rumiarlo un poco y exige la relectura”. Prueben con esta frase de Hemingway, o atribuida a él: "Se venden zapatos de bebé que nunca han sido usados". (“La red se convierte en el mejor amigo-enemigo del microrrelato” El País 20 de marzo de 2013)
Quiero, por tanto, a la vista de estas palabras, y consciente de que las referencias que existen tras mi microrrelato no se aprecien a simple vista, explicarlas, pese a correr el riego de quitarle la magia que pudieran tener. En primer lugar, vuelvo a una idea recurrente presente en el cuento de “Las ruinas circulares” de Borges, a quien pertenecen las palabras entrecomilladas del relato: el descubrimiento al final del mismo de que él era una apariencia y otro estaba soñándolo. Esta idea está presente en otras lecturas anteriores que configuran mi universo lector como la obra de Miguel de Unamuno titulada “Niebla” en la que el protagonista Augusto Pérez, tras un desengaño amoroso, decide entrevistarse con Miguel de Unamuno con quien sostiene un dialogo memorable, en el que recibe de Unamuno-Dios la revelación de que él, Augusto Pérez, no existe, sino que es una criatura de ficción y que está destinado a morir, no a suicidarse como él quería.
En segundo lugar, la referencia a la gran frustración de la protagonista del microrrelato, que no es la de saberse un ser de ficción, sino la de que tras haber convertido su propia vida en argumento de novela, otra autora es la que firma el libro. Yo misma, me hago consciente desde que empiezo a escribir sistemáticamente, que desde la adolescencia mis monólogos, las conversaciones “con el hombre que siempre va conmigo”, como decía Machado, las hago siempre en 3ªp. Finalmente, haciendo un guiño a la actualidad, aprovecho la figura de Carmen Riera, que acaba de publicar un libro basado en su infancia mallorquina y que recientemente ha ingresado en la RAE, de ahí la cita que encabeza el relato.