jueves, 14 de marzo de 2013

LA RESILIENCIA O EL ANTIDESTINO


"A Ana, que me reveló esta palabra"

“El hombre no se destruye por sufrir, el hombre se destruye por sufrir sin sentido”.
Víctor Frankl.

Hace unos años descubrí una palabra fascinante que cambió el sentido de las cosas: la resiliencia. Hoy, empujada por nuevos acontecimientos vitales, esta forma de entender el sufrimiento actúa de protección contra los que me advierten sobre la mala suerte y el destino adverso de algunas vidas. 

Resiliencia es un nombre singular que alude en el campo de la física a la capacidad de los materiales de volver a su forma original cuando han sido forzados a cambiar o deformarse. En sicología,  el concepto de resiliencia se refiere a la facultad que tienen algunas personas para pasar por situaciones de vida adversas y, a pesar de ello, lograr salir transformados positivamente por dicha experiencia.

Pero quizá la mejor forma de entender el concepto resida en una observación procedente de la propia naturaleza. Hasta ahora, he de reconocer que no sabía por qué las otras generaban perlas en su interior: cuando entran granos de arena al interior de las ostras, estas segregan nácar y de este nácar reactivo ante un grano invasor, nace una perla. Frente a una invasión no deseada, la ostra actúa generando algo de una indudable belleza.

Me vais a permitir que vaya un poco más allá y os cuente sólo una historia de las que aparecen en el libro La resiliencia. Crecer desde la adversidad de Anna Forés y Jordi Grané. Lleva el significativo título de: “Más fuerte que el odio”.

Cuando tenía tres años, la madre de Tim Guénard lo ató a un poste del tendido eléctrico y lo abandonó en medio del bosque. Dormía desnudo en la casita de su perro cuando tenía cuatro años. A los cinco, precisamente el día de su aniversario, su padre le propinó una paliza brutal que lo desfiguró (le rompió las piernas y la nariz).

No sabe casi ni hablar. A los siete años, ingresa en un orfanato y es maltratado por parte de la institución. A los nueve años, también el día de su aniversario, fracasa en su intento reiterado de suicidarse. A los once, entra en el correccional después de ser acusado injustamente de incendiar el granero de la granja donde estaba acogido. A los doce, se fuga. A los trece años es violado por un señor elegante de los barrios altos parisinos; y a los catorce, es prostituido en Montparnasse.

Si ante una infancia tan dura, pidiésemos a la gente que hiciese un ejercicio de hipótesis biográfica  y avanzase su final, la mayor parte coincidiría en vaticinar una situación poco esperanzadora para Tim: drogadicto, maltratador, muerto y enterrado. Nada más alejado de la realidad: Phillipe Guénard (1958), además de ser autor del libro Más fuertes que el odio, es padre de familia de cuatro hijos. Se dedica a cuidar niñas y niños abandonados y maltratados. Ha creado la asociación “Altruisme”.

Tim aprendió a crecer con tres grandes sueños: convertirse en el jefe de una banda, conseguir ser expulsado de un correccional y vengarse matando a su padre. Hizo realidad las dos primeras. Ahora quiere a su padre. Como él mismo explica a menudo, él es la prueba palpable de que no hay heridas que no puedan cicatrizar lentamente con amor.

Tim Guénard es una persona resiliente. Una buena manera de entender qué entendemos por resiliencia es reproducir las palabras del mismo Tim: “el hombre es libre de alterar plenamente su destino, para lo mejor y para lo peor. Yo, Tim Guénard, hijo de alcohólico, niño abandonado, he hecho errar el golpe a la fatalidad. He hecho mentir a la genética. Este es mi orgullo”.

Como él mismo apunta, “la resiliencia es un canto a la libertad, un no rotundo a todo tipo de determinismo. La mayoría de determinismos humanos no son definitivos: no estamos en manos del destino o de la fatalidad”. El relato de nuestra historia nos remite al pasado para explicar el presente, pero nunca cierra el futuro. Ésa es la razón por la cual decimos que la resiliencia enmarca un antidestino.

De procesos resilientes hay muchos ejemplos: personajes reales conocidos (Víctor Frankl, padre de la sicología humanista; María Callas, famosa cantante de ópera; Ludwin van Beethoven, el compositor; o el neurólogo y uno de los padres de la resiliencia, Boris Cyrulnik), personajes bíblicos (Job y su paciencia), personajes cercanos…

Hace años, cuando mis hijos perdieron a su padre, intuí que nuestra reacción al sufrimiento nos ofrecía la posibilidad de cambiar nuestra  suerte y defendernos de las previsibles consecuencias de la muerte. Esa muerte nos cambió a todos: a mí misma, a mis padres, a mis hermanos, a mis hijos... Y hoy, años más tarde, he de decir que nunca volvimos a ser los mismos, que nuestra biografía no podría entenderse sin ese acontecimiento que cambió nuestras vidas, pero que nos transformó en personas resilientes, personas que supieron crecer pese a la dureza de los acontecimientos. 

Recuerdo las palabras de mi madre cuando le comuniqué que tenía un cáncer: "esto es como te lo quieras tomar". Al principio me sentí desconcertada, esperaba una gran tragedia que tardaría semanas en resolverse. Pero, a los pocos días, entendí el mensaje resiliente que escondían sus palabras. Y decidimos tomarlo, como ya bien habíamos aprendido: con serenidad, con discreción, con sentido del humor incluso, estrechando aún más si cabe los lazos de ayuda  y protección. 

Por eso, en este momento, me siento muy orgullosa de los que me rodean, especialmente de mis hijos. Este es su segundo posicionamiento ante la adversidad en su corta vida y, sinceramente, creo que han sabido responder con valentía.  Estoy convencida de que cuando crezcan sabrán de forma innata lo que significa la resiliencia. Lo han aprendido desde muy pronto, de los que eligen resistir, una resistencia sencilla, diaria... conscientes de que, cada día, su resiliencia es también su antidestino.

“Vive como si vivieses por segunda vez”.
Víctor Frankl


1 comentario:

  1. Aprendo siempre contigo. No sabía nada de esa palabra tan fascinante ni de todo lo que lleva en su interior.
    Impresionada de la fortaleza de Tim. Y ya conoces mi admiración hacia ti, hacia tu familia...
    La luz .
    ***
    Hace frío en Bolonia, la ciudad docta. La zona universitaria está llena de vida, de miles de carteles, de propuestas, de jóvenes leyendo . Hay unas librerías fantásticas , unidas a otras delicias gastronómicas.

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