martes, 5 de marzo de 2013

MICRORRELATO: CENICIENTA



Cuando abrió la puerta, lo reconoció de inmediato. Sabía a qué había venido, pero se sintió desconcertada al comprobar que no estaba solo. El breve instante en el que se giró mientras los hacía pasar fue suficiente para revivir la provisionalidad de aquella mágica noche. 

El lacayo procedió a entregarle lo que con tanta prisa había olvidado. Conmovida, comprendió que el príncipe no se dejaba asustar por una belleza de quita y pon.

2 comentarios:

  1. Ya verás la belleza de los abanicos que han hecho los alumnos de C. ¡Son preciosos! Tienen encanto.

    Es imposible que alguien que dirige ese trabajo no sepa ver la belleza por muy camuflada que esté.
    (Creo que deberíamos poner un negocio de abanicos)

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  2. Vuelvo en este microrrelato a uno de los temas recurrentes en este tiempo; el cuento de "La Cenicienta"no es más que una excusa para readaptar el clásico a mis intereses. Pero, también me ha permitido bucear en versiones muy diferentes del cuento.
    El arquetipo de la Cenicienta, al igual que muchos otros cuentos de hadas, tiene una gran historia. Es así que se encuentran los primeros rastros en los antiguos egipcios (la historia de Ródope), luego entre los romanos, en el Imperio Chino del siglo IX y en Persia a fines del siglo XII, Incluso entre los aborígenes de Norteamérica se encuentra el motivo de la Cenicienta.
    Creo que leer estas versiones a los alumnos, tan diferentes a la idea de Disney que ellos conocen, podría ser una actividad muy enriquecedora para así descubrir el tratamiento que recibe el motivo de los zapatos o el motivo del pez mágico, desconocido en las versiones occidentales, y su función.
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    Y respecto a la exposición de abanicos, a ver si encuentras el mío: lleva un texto de Benedetti bordeándolo; hay que fijarse bien.

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