"A partir del siglo III el rito de la cremación fue cediendo ante la moda, cada vez más extendida, de enterrar intacto el cadáver, es decir, de inhumarlo. Los cristianos ya lo venían haciendo desde comienzos de la Era. Estos enterramientos llevaban un ara o estela funeraria como señal exterior y en ella el epitafio".
Antonio García y Bellido, "Veinticinco estampas de la España Antigua"
Hay palabras que, leídas por primera vez, te horadan la piel y se quedan tatuadas en la retina. Recuerdo la profunda sacudida que me produjo el "Séate la tierra leve" cuando me tropecé con esa inscripción casi de casualidad mientras paseaba por el museo arqueológico de Cáceres. Me quedé petrificada en el centro de la sala intentando descifrar una a una aquellas estelas funerarias mientras los demás continuaban sin mí el recorrido por el museo. Tuvieron que recogerme al salir mientras yo fingía una recién estrenada pasión por la epigrafía. La poesía de aquellas sencillas palabras me acompañó durante el resto del viaje.
Aquellos epitafios y otros a los que después tuve acceso están impregnados de un dolor y de una ternura profundos que convierte a muchos de ellos en auténticos textos poéticos. Curioso es un epitafio de un epicúreo, que al reconocer que la vida es breve, recomienda gozar de ella a grandes tragos. Esta lápida de aproximadamente el inicio del siglo III después de Jesucristo dice: "Vive alegre cuanto vivas. La vida es un pequeño regalo, en un instante adviene, insensiblemente se afirma, pero muy luego se va insensiblemente también".
Sigue esta línea, pero más cercano a nosotros en el tiempo y en el espacio el artículo del profesor Francisco Henares Díaz: "Un ritual del luto: epitafios, trovos, poemas en las lápidas de los cementerios rurales del campo de Cartagena". Tras una breve pero interesante introducción en la que hace alusión a las inscripciones de las tumbas del cristianismo de los primeros siglos, recoge una antología de textos procedentes de distintos cementerios del campo de Cartagena.
Interesante aún más por su aplicación en el aula es el trabajo: "Miradas didácticas a la muerte y los cementerios", coordinada por José García Huéscar y editada por la Consejería de Educación. Presenta planteamientos tan innovadores como: los cementerios y la muerte en la asignatura de historia del arte, la simbología de los cementerios de la región de Murcia, pinturas de contenido histórico y la muerte, la muerte en la prensa y siete canciones cuyo tema es la muerte y/o los cementerios, entre otros.
Como dice Fernando Savater: "la certidumbre de la muerte nos humaniza. Es la conciencia de la muerte la que convierte la vida en un asunto muy serio para cada uno. De modo que la muerte nos hace pensar, nos convierte a la fuerza en pensadores". Porque es en la búsqueda del sentido de la muerte donde se encuentra muchas veces el sentido a la propia vida.
Hay palabras que, leídas por primera vez, te horadan la piel y se quedan tatuadas en la retina. Recuerdo la profunda sacudida que me produjo el "Séate la tierra leve" cuando me tropecé con esa inscripción casi de casualidad mientras paseaba por el museo arqueológico de Cáceres. Me quedé petrificada en el centro de la sala intentando descifrar una a una aquellas estelas funerarias mientras los demás continuaban sin mí el recorrido por el museo. Tuvieron que recogerme al salir mientras yo fingía una recién estrenada pasión por la epigrafía. La poesía de aquellas sencillas palabras me acompañó durante el resto del viaje.
Aquellos epitafios y otros a los que después tuve acceso están impregnados de un dolor y de una ternura profundos que convierte a muchos de ellos en auténticos textos poéticos. Curioso es un epitafio de un epicúreo, que al reconocer que la vida es breve, recomienda gozar de ella a grandes tragos. Esta lápida de aproximadamente el inicio del siglo III después de Jesucristo dice: "Vive alegre cuanto vivas. La vida es un pequeño regalo, en un instante adviene, insensiblemente se afirma, pero muy luego se va insensiblemente también".
Sigue esta línea, pero más cercano a nosotros en el tiempo y en el espacio el artículo del profesor Francisco Henares Díaz: "Un ritual del luto: epitafios, trovos, poemas en las lápidas de los cementerios rurales del campo de Cartagena". Tras una breve pero interesante introducción en la que hace alusión a las inscripciones de las tumbas del cristianismo de los primeros siglos, recoge una antología de textos procedentes de distintos cementerios del campo de Cartagena.
Interesante aún más por su aplicación en el aula es el trabajo: "Miradas didácticas a la muerte y los cementerios", coordinada por José García Huéscar y editada por la Consejería de Educación. Presenta planteamientos tan innovadores como: los cementerios y la muerte en la asignatura de historia del arte, la simbología de los cementerios de la región de Murcia, pinturas de contenido histórico y la muerte, la muerte en la prensa y siete canciones cuyo tema es la muerte y/o los cementerios, entre otros.
Como dice Fernando Savater: "la certidumbre de la muerte nos humaniza. Es la conciencia de la muerte la que convierte la vida en un asunto muy serio para cada uno. De modo que la muerte nos hace pensar, nos convierte a la fuerza en pensadores". Porque es en la búsqueda del sentido de la muerte donde se encuentra muchas veces el sentido a la propia vida.

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