"Salvar la dignidad de uno mismo o la de los demás,
a costa del propio dolor,
no tiene por qué ser parte exclusiva
de la biografía del héroe,
también puede serlo igualmente de la del proscrito"
Julia Otxoa
Pasaban las tardes frente al tablero de ajedrez. Apenas hablaba de algo que no fuera la jugada perfecta. Aquel tablero fue siempre el trasunto de su azarosa vida. Era su héroe, él lo sabía, quizá por eso se obstinaba en recordarle que había que aceptar los desafíos que plantea la partida; que no debía contar las piezas de fuera del tablero sino las que quedan dentro; y que solo analizando los finales se llegaba a entender el juego. Pero lo que nunca le confesó es que, a veces, la jugada perfecta es saber abandonar una partida a tiempo.

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