lunes, 1 de septiembre de 2014

OTRA VEZ LUNES


"Hoy me ha tocado abrir el día,
estrenar el mundo, ser el primero
de todo el edificio que sube las persianas;
ser el primero también
en recibir la luz de un lunes recién amanecido,
una luz aún suave y tímida, a punto de romper"

Jorge Barco Ingelmo





Lo inquietante de haber desaparecido del trabajo casi sin tiempo de organizar tus papeles es que a la vuelta no sabes bien qué es lo que encontrarás. Hoy tocaba volver y posar la vista sobre los libros de los cursos que dejaste incompletos, sobre las anotaciones hechas en tu cuaderno del profesor por otra mano que no es la tuya, sobre las decisiones acerca de la elección de un horario y de unos cursos que en otro tiempo determinaban tu buena o mala fortuna. Hoy poco importaba, salvo el hecho inequívoco de estar allí otra vez, escuchando las voces de los alumnos sobre los que parece haberse detenido el tiempo, condenándonos a vivir perpetuamente en esa eterna adolescencia que vuelve a comenzar año tras año. Entre los exámenes atrasados y los cuadernos de los alumnos, encuentro este texto que formaba parte de una clase de literatura universal que nunca llegué a impartir. Preparaba por aquel entonces material sobre literatura hindú y seleccioné esta hermosa parábola titulada "Parábola de los seis sabios ciegos y el elefante" que dice así:

Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: "ya veo, es como una pared". El segundo, palpando el colmillo, gritó: "esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza". El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: "¡Dios me libre! el elefante es como una serpiente. El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: "está claro, el elefante es como un árbol". El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: "Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico". El sexto, quien tocó la oscilante cola, acotó: "El elefante es muy parecido a una soga". Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados"

Pretendía quizás explicarles qué era una parábola y a través de ella hacerles ver la diferencia de pensamiento entre Oriente y Occidente. Pretendía contarles cómo Erich Fromm en "El arte de amar" utiliza este ejemplo para marcar la oposición entre nuestra lógica aristotélica occidental, unívoca y que se cree en posesión de la verdad y la lógica paradójica oriental, que es multiperspectivista. Pero en aquel momento yo aún no sabía lo que significan los elefantes. O quizá en aquel momento yo creía que sabía lo que son los elefantes. Hoy, al releer la parábola, he sonreído, recociendo mi ignorancia de entonces, agradecida por esta ceguera que a veces no me permite saber si lo que toco es el lomo o el colmillo de una vida rica y generosa que se ofrece un nuevo lunes para mí. 



2 comentarios:

  1. ¡Hola desde el martes!
    Tengo todavía el sabor de la morriña que me invadió ayer, uno de septiembre. Las emociones de los reencuentros, la vuelta a las clases casi vacías (unos cuantos alumnos examinándose), recién limpias, con ecos y olores extraños. La Biblioteca detenida, como la dejé antes del verano, el casillero a rebosar de papeles que no me dio tiempo a ordenar… Y las inquietudes ilusionantes de los nuevos cursos, de otras lecturas, de actividades y proyectos…
    Tuve que mirar el mar con más intensidad, y volver a poner en la balanza otras ventajas que la equilibraran.

    ***
    Y abro tus páginas y me encuentro con las emociones de tu primer día.

    ***
    El texto me llega hasta el fondo del alma. Me hace llorar.

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  2. Es una suerte saberte ahí en esa extrañeza del martes que te obliga a mirar al mar en busca de otras respuestas.
    Hoy entraba en la biblioteca de mi centro curioseando entre las novedades y tu recuerdo me ha venido de inmediato: ¿cómo lo haría Aurora? Y recordé aquella biblioteca tuya y tu capacidad de seducir a todo un centro para convencerlos de que la biblioteca era un lugar para los libros, para el encuentro con los autores, para estar a solas y en silencio.
    Es un honor contar con tu presencia y tu sabio consejo en este afán por dar lo único que uno sabe: el amor por los libros y la pasión por enseñar. Algunos abren caminos, otros solo los seguimos. Muchas gracias, amiga.

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