miércoles, 6 de marzo de 2013

MICRORRELATO: UNA MENTE MARAVILLOSA





Porque usted me asegura que al llegar al que hace número ocho me curaré y yo he conseguido instalarme en ese estadio de fe ciega que nada cuestiona, me sé a salvo aún de caer en la tentación de la locura o el desconsuelo. Porque, si no, le aseguro que empezaría a pensar que todo esto no es más que un complot magníficamente concebido para ir convirtiéndome, de manera impune y sin testigos, en un ser incorpóreo, casi irreal. 

2 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado tu abanico! Con las certeras palabras de M.B. bordeándolo y esa mujer de mirada limpia mimetizada en el bosque. Las pinceladas de otoño y la dulzura azul.¡Precioso!
    Creo seriamente que deberíamos poner un negocio de abanicos...
    (No suelo ser tan materialista, pero aquí veo oro...)
    ***
    Has devorando ya dos elefantes enormes. Estás a salvo, sí, y te estás convirtiendo en un ser mucho más poderoso y real: conoces el misterio de la casa roja.
    ***
    Ayer, cuando les comenté a un grupo de alumnos de 2º de bachillerato que no estaría con ellos el trimestre próximo, pero que podrían consultarme dudas, que podría ir una tarde a explicarles algo, que tenían mi correo... me dijeron compungidos y esperanzados: "puedes venir, que nosotros te pagamos, te pagamos"... Me tuve que reír con la salida.
    (¿Habrán visto en mí un verdadero negociante?)

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  2. Hoy he devorado ya el tercero. Y me siento feliz: el tres es ya un número cabalístico, mágico. Y, aunque aún queda mucho, me siento orgullosa. Estaba muerta de miedo.
    ***
    Tener que dejar el curso a medio es lo peor y lo más absurdo de tu situación. Creo que no olvidarás las caras de estos alumnos que te permitieron dar tus últimas lecciones regladas, porque de lo que estoy segura es de que seguirás enseñando.
    Yo me acuerdo con frecuencia de la última clase que di este curso: al final casi, en la biblioteca inicie una conversación con Alejandro que prometimos continuar al día siguiente ; pero ya no hubo día siguiente. Se qué lo habrá, pero a menudo pienso en ellos y me pesa estar tan lejos. Ellos eran para mi lo que la rosa para el Principito. De modo, que puedo entender de alguna forma tus sentimientos.
    Creo que ahora que vamos a estar ociosas deberíamos plantearnos seriamente lo de los abanicos.

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