jueves, 6 de febrero de 2014

DEUDAS SALDADAS.


"Hemos quemado el miedo, hemos mirado frente a frente al
dolor
antes de merecer esta esperanza"


Juan Gelman

Llevábamos días compartiendo su misma emoción: por fin D. iba a ver a C. Quizás era cierta la jactancia con la que decía conocerla, pero esta vez, más allá de las palabras, podría ponerle cara y sabor y tacto a aquella chica de apariencia frágil y sonrisa infinita a la que no había visto sino en fotografías. Habíamos comenzado a esperarla con la misma ilusión que él. Y su historia, contada a retazos en los pasillos de aquel hospital, nos fue contagiando de sus terribles ganas de estar vivo. 

Rara vez basta con ser testigo del amor para experimentar que algo en tu forma de entender el mundo ha cambiado. Pocas veces la sola contemplación de dos personas que se quieren nos vuelve mejores personas de lo que fuimos antes. Pero hoy, tengo la certeza de que todos los que los hemos visto juntos hemos experimentado la misma sensación que yo he tenido cuando los he llevado a casa: al cerrar la puerta tras de mí, he olvidado por un momento las mil maniobras imposibles con la silla de ella y el andador de él y por un instante algo de su recién estrenado amor me he llevado conmigo. Siento que hemos sido testigos excepcionales de, posiblemente, una de las más hermosas historias de amor. Al menos hoy, dormiré con la sensación de que una pequeña parte de la deuda que el mundo tiene con personas tan especiales como C. y D. empieza a estar saldada.


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