viernes, 28 de febrero de 2014

LA VUELTA A LA TORTILLA


Me dispongo a despedir con sincero agradecimiento este mes de febrero que para mí ha supuesto una vuelta a la tortilla, aunque la imagen culinaria no me seduzca mucho. El cáncer, afortunadamente, ahora lo sé, vino a poner patas arriba mi existencia una vez más. La enfermedad me ha quitado y me ha dado tantas cosas, que ahora trato de recolocar inútilmente, como en un juego de balanzas imposible de equilibrar. 

Mi última reflexión del mes es a partir de este vídeo que Paco León estrenó a finales de noviembre del año pasado y cuyos beneficios serán destinados a la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Hasta ahí, perfecto. No creo que sea necesario que yo me posicione a favor de la investigación y de la presencia activa del enfermo de cáncer en la sociedad.

Mi queja, y lo siento, es con la historia que nos vende. Dice el autor que esta es "una historia de amor cotidiana en la que la protagonista tiene la opción de afrontarla como lo haría otra mujer". Puntualicemos. 

Primero: que es una historia de amor cotidiana es un poco discutible; será que yo no soy una top model, pero a mí todavía no me ha parado el encargado del Mercadona para darme su teléfono, y mucho menos cuando iba con peluca y con las cejas pintadas; aunque tiempo al tiempo. 

Segundo: que el amor salva y salva de mucho, y que estar enamorado produce hasta efectos físicos beneficiosos es evidente; pero que no me cuenten a mí que en el penúltimo ciclo de quimio iba a empezar una historia romántica, con el desgaste físico y emocional que eso supone, cuando yo apenas si tenía fuerzas para subir una escalera.

Tercero, y es lo que más me ha indignado: en la escena en la que la pareja conversa sobre la operación, todo queda reducida a un balbuceo:- "y y y y..." a lo que ella responde: -"no, es mía, me lo cogieron muy a tiempo y tengo una cicatriz muy pequeñita". Lo mejor, el suspiro de alivio de él. Pues lo siento, me jode. ¿Les da miedo nombrar la palabra teta, pecho, mastectomía? Y sobre todo, que habría pasado si ella le dice: -no, la tengo de silicona, no me lo pillaron a tiempo y tuve que perderlo; o mejor, ¿y si le hubiera dicho:- no, no tengo pecho, aún no me lo he reconstruído, y a lo mejor, ni siquiera lo hago, es que el tumor tenía varios centímetros y me tuvieron que dar radio? ¿Habría suspirado el galán con tanto alivio?

No sé... me gustaría tener una mirada más inocente sobre las cosas. Pero, la única verdad es que este es uno de los regalos del cáncer: una mirada diferente hacia todo lo que me rodea. Y, sinceramente, me siento agradecida, reconciliada, conmovida y tantos sentimientos que formarán ya parte para siempre de este renacer de febrero que nunca olvidaré. 

Gracias sinceras.


2 comentarios:

  1. Vi la historia , que alguien me paso por whatsapp ,hace unos días. Tampoco a mí se me escaparon ninguna de las tres puntualizaciones que has hecho. Pensé en enviártela, pero la verdad, no terminó de gustarme y desistí. No es una historia realista. Aunque la intención no sea suficiente, quedémonos con la intención.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El problema, querida P, es que tú tan bien como yo, sabes que ya no bastan las intenciones.
      A mí antes me bastaban y lo disculpaba todo, pero ahora...
      Ahora, afortunadamente, todo es diferente.

      Eliminar