Que la muerte era un asunto muy serio lo sabía él por experiencia propia. Pero aquel día, aún a riesgo de parecer irreverente, no pudo disimular una sonrisa nerviosa cuando, al acercarse a saludar a los familiares con su cara más solemne, comprobó, asustado, que se había equivocado de muerto. Ya que estaba allí, se armó de valor y los acompañó con su más sentido pésame. A fin de cuentas, la muerte a todos nos parece siempre que llega de forma equivocada.

Y lo peor de todo es que es cierto.
ResponderEliminarLo protagonicé yo misma el sábado pasado.
Algunos despistes...
Jejejeje.
ResponderEliminarHasta en los momentos más difíciles puede llegar el humor.