Llevaba semanas alertado por los síntomas. Había hecho todo lo posible por acallarlos. A ratos, nada encontraba fuera de lo normal y regresaba complacido a su rutina, convencido de que todo había sido una falsa alarma. Pero al momento, volvía, con gran incertidumbre, a experimentarlos uno a uno. Aún no se lo había dicho a nadie, ni siquiera a su médico. De sobra conocía el diagnóstico y que aquella era una recaída más de las muchas que ya acumulaba en su historial. Comprobó los síntomas por última vez: "desmayarse, atreverse, estar furioso" - el corazón comenzó a latirle con fuerza-; "áspero, tierno, liberal, esquivo" -siguió leyendo con ansiedad-; "alentado, mortal, difunto, vivo" -quiso salir huyendo-; "leal, traidor, cobarde y animoso" -se saltó algunos versos-; "huir el rostro al claro desengaño" -se supo perdido-; "beber veneno por licor suave"- era ya irremediable-; "creer que el cielo en un infierno cabe" - estaba firmada su propia condena-; "dar la vida y el alma a un desengaño"- se supo herido-; "esto es amor, quien lo probó lo sabe" -se supo muerto-

¡Hay que ver las infinitas sugerencias de este soneto fantástico!
ResponderEliminarMe encanta las vueltas de tu microrrelato...
Tan increíbles como las propias vueltas que da la vida.
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