Para Aurora
Tarde aprendimos que las palabras son siempre peligrosas y que hasta detrás de las frases más inocentes se esconde a veces la sentencia de nuestra condena. Aún recuerdo la ocurrencia del "tu cara me suena" y cómo yo, jugando a hacerme la tímida, te dije muy flojito: "-claro, trabajo en televisión"-. Reímos con las ganas con las que solo se puede reír a los veinte cuando el futuro aún no existe. Y fuimos poco a poco tirando del hilo, poco a poco, sin saber parar a tiempo, sin comprender lo que tarde aprendimos al dejar resbalar el último cabo, deshechos para siempre.

Trágico me ha salido el microrrelato. Pero, ahí va, es todo tuyo.
ResponderEliminarPrometo intentar alguna otra variación más optimista
Oh, los pelos de punta!
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