miércoles, 19 de febrero de 2014

PALABRAS COMO DARDOS






Empezó a preparar su clase con la misma desidia con la que lo hacía en los últimos meses. A ella también la gramática empezaba a resultarle lejana y ajena a su propia vida. Había perdido hasta las ganas de saltarse el tedioso programa. Hoy tocaban los prefijos. Revisó su larga lista de prefijos griegos y latinos y la preparó un año más, ignorando, como siempre, su seguro destino como avión clandestino o como soporte de improvisadas notas contra el aburrimiento.

Al acabar la breve explicación, la pregunta no se hizo esperar: desde la última fila P. le lanzaba siempre preguntas como dardos. -¿Qué pasa con la "com-pasión- le dijo. Aquella palabra le produjo una sacudida inmediata en la boca del estómago -¡cuántas veces había huido ella de la compasión!- En eso se parecía tanto a sus alumnos: su propia fragilidad era, en el fondo, el sustento de su vida. Pensó en su etimología: desempolvó una vez más el latín de la carrera, "cumpassio", literalmente "sufrir juntos". Él, por toda respuesta, le clavó su mirada cómplice. Había sido un año duro para el que era, indudablemente, su mejor alumno. Demasiados duelos en poco tiempo. 

Alguien comentó con cierto interés: la compasión ahora se llama empatía. La profesora pensó en las modas y cómo también afectan a las palabras. Esa era siempre una señal de que estaba empezando a envejecer. Tuvo que intervenir rápido: la empatía era un grado menor que la compasión; ser empático era percibir lo que otro individuo siente. ¿Acaso no percibía ella los sentimientos de sus alumnos? Pero, cuántas veces los había ignorado.

Con suma delicadeza les mostró que sentir compasión por alguien es ir mucho más allá, supone siempre sufrir con alguien. Les enseñó que con frecuencia solo podemos compadecer al otro o a la otra cuando aprendemos a autocompadecernos. Que no debían sentir miedo de aceptar el dolor. Que volverle el rostro al propio sufrimiento es condenarse de por vida. Y que... 

Cerró el libro de gramática y abrió el último libro de poemas que estaba leyendo. Con voz emocionada, les leyó algunos versos de R. Lanseros:

"Duele el dolor, decías, pero si uno es valiente
las pequeñas espinas son pequeñas.
Tenías razón. La vida
con su prohibido-el-paso y sus pasen- y vean
es hermosa como una novia al alba"

Levantó la vista hacia él y acabó su clase:

"Yo soy mi propio riesgo. Doy por cierta
la sed de infinitud que me espolea.
Ante el placer de respirar me postro.

No hay verdad más profunda que la vida"

Y por primera vez en mucho tiempo, se hizo el silencio.


3 comentarios:

  1. Conozco a R.R. Estuvo unos años en Murcia antes de irse a León. Fue compañera de trabajo de S. Viene por aquí con relativa frecuencia. Me gusta como escribe.
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    La poesía siempre emociona en clase. Hay que leerla bien, sintiéndola, despacio. Siempre se hace un silencio sobrecogedor que nadie quiere romper.
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    ¿Ya estás pensando en cómo abordar algunos temas?
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    Me dijo mi hermana M. que estás guapísima. Muy, muy guapa. Y es que después de devorar un elefante algo se tiene que notar...

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  2. Me he leído el último libro que ha publicado "Las pequeñas espinas son pequeñas", me ha gustado mucho, como los anteriores.
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    ¿Sabes qué? He vuelto a comprar poesía. Para mí, es tan adictiva como el tabaco. Mis hijos me dicen que acabaré como D. Quijote, y lo peor es que creo que tienen razón.
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    Me encantó la visita del otro día al trabajo. Hubo gente que tardó un rato en reconocerme. No hay nada que siente mejor que volver tras una larga temporada fuera y con un cambio de imagen tan radical, ja, ja.
    M. es siempre muy generosa en su mirada hacia mí, os viene de familia.

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  3. "El mar en Kalamata huele a humo, a ceniza.

    Trae troncos calcinados de la playa,
    ramas ardidas, restos y rumor
    de incendios que asolaron
    bosques y nidos, páginas, palmeras.

    Son olas de ceniza
    de ayer, aroma ardido.

    Es el mar quien recuerda los incendios."
    ***
    Es un poema del libro "Atenas", de Juan Vicente Piqueras (Visor). Un poeta al que acabo de conocer - leer.
    Tal vez tú lo conozcas ya. Una amiga me regaló su libro por mi cumple, porque habla de lugares de Grecia que visitamos juntas.

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