"Nunca dejes de ser quien ahora eres,
ni seas jamás quien todavía no has sido"
Edgar Allan Poe, traducido por Raquel Lanseros
Después del desgaste afectivo de los último meses, me he hecho el firme propósito de instalarme en esa actitud autista mía que me sé tan de memoria. He revisado una a una mis rutinas y he comprobado complacida que me permitirán sobrevivir estos meses hasta la vuelta al trabajo acompañada de ese sereno aburrimiento en el que me siento realmente a salvo.
Hoy, por ejemplo, he vuelto a mi té de los martes en ese rato antes de la clase de natación en el que me permito el lujo de revisar el correo, leer las noticias o esconderme tras un libro. Como todos los días, allí estaban las dos chicas que conversan animadamente en la cafetería. Siempre las tres y el camarero como testigo, y no precisamente mudo. Podría pasar años repitiendo semanalmente la misma escena y estoy convencida que no cruzaría ni una sola palabra con ninguno de ellos, de los que conozco ya más de una intimidad que quisiera olvidar: los ronquidos del marido, las malas noches de los nenes y el tedio que se les deja traslucir hasta en los andares. Continúo jugando a ser una mujer desocupada y me sumerjo media hora en el jacuzzi, donde como mucho, cruzo alguna palabra con las divertidas abuelas que hacen acuagym en la piscina de al lado. Y ya en la clase adopto mi pose de alumna seria y concentrada para compensar lo patosa que soy en el agua.
Pero, hoy, al salir, una chica a la que no había visto antes, me ha sorprendido con una frase que me ha recordado otros tiempos y otros contextos: "tu cara me suena". De sobra sabía yo por donde derivaría la conversación, pero he intentado dar algún rodeo con la firme esperanza de no confirmar mis intuiciones. -El trabajo, ¿tal vez?- he dicho yo con poca convicción. Pero no he sabido prolongar el juego: -¿Nos hemos visto en La Arrixaca? -Era evidente que no, que yo no la había visto antes, pero he afirmado sabiendo muy bien a donde nos conducirían sus palabras: cáncer de mama detectado hace ya varios años, después una rotura en el hombro a consecuencia tal vez de la metástasis en la columna. Ahora funciona a base de morfina porque apenas puede soportar el dolor. Tiene mi edad y me ha gustado su forma de reconocerme. Yo solo he tardado unos segundos en saltarme uno a uno todos mis firmes propósitos invitándola a café el próximo día.
Quizá sea cierto, como dice B., mi profesora de pilates, que "solo atraemos a quien por vibración, afinidad, sincronicidad y correspondencia es afín a nuestro ser"
To be continued.

Mis pequeñas maldades.
ResponderEliminarCuando me dicen "tu cara me suena" siempre digo, entre tímida, bajando la voz, y disimuladamente "es que trabajo en la televisión"... La gente se lo cree, de verdad; ah, ya decía yo, y empieza a hacer memorias de programas, y a preguntar qué día salgo...
Entonces me entra el arrepentimiento.
Es broma, reconozco.
Y empezamos a tirar de los hilos.
Me encanta. Demuestras ser una buena profesora de literatura; mientes con estilo.
ResponderEliminar¡Qué divertidas se vuelven las situaciones más cotidianas con un poco de imaginación!
Por cierto, ¡qué divertido eso de tirar de los hilos! y ¡qué sugerente! Ahí está el germen de un microrrelato.
ResponderEliminarTu misma lo dices, aunque sea con palabras de E. A. Poe.
ResponderEliminarNunca dejes de ser tu.
En cuanto a ser autista... Se es y no se debe de intentar serlo.
Vaya lio, no ?
Si, menudo lío. Al final, volvemos irremediablemente a encontrarnos con nosotros mismos.
ResponderEliminarDa igual la dimensión de lo vivido, la intensidad de lo sufrido...
Y resulta difícil, siguiendo con Poe jugar a ser quien todavía no hemos sido
Esto es exprimir un par de versos y estar más confundidos que al principio.