"Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario"
Clarice Lispector
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| Tim Burton |
Decía García Márquez que los hombres tenemos tres vidas: la vida pública, la privada y la secreta. Cuando declaraba que de su vida secreta prefería no hablar, en realidad nos brindaba una auténtica declaración de intenciones. Porque la literatura se nutre de las vidas secretas, de los mundos inconfesables poblados de monstruos que gritan por vivir, que claman por existir y por ser, por morder un trozo de realidad. No es en la vida privada, con sus fobias y sus filias, con sus amores y sus traiciones, abaratada a diario por el cotilleo de pasillo y el comentario fácil donde encuentra el argumento. Acaso en algunos seres, excepcionales en sí mismos, en los que todo se hace público, como si hasta el pensamiento más escondido se les trasparentara a través de la piel.
Por eso existe la literatura: para ser el sostén de las vidas secretas de quienes las escriben. Por eso escribir es elegir una máscara tras la que contemplar el mundo. De ahí la soledad del escritor. De ahí que escribir no sea una elección posible ni una tarea fácil. Me sorprendía descubrir estos días en la prensa las confesiones de un García Márquez que tildaba la tarea de escribir como una "servidumbre" autoimpuesta, "un compromiso con los lectores, un laberinto de espejos" del que no conseguía salir.
Por eso leer es acercarse al misterio de la palabra, rozar por un instante la vida secreta que late tras las palabras. Ser cómplice de esa magia que transforma nuestras vidas y nos devuelve lo mejor de nosotros mismos, ayudándonos a atrapar los pocos secretos que atesoramos, tildando nuestra pobre existencia de esa singularidad que solo la literatura nos confiere.

Llevo un montón de días sin escribir por estos espacios azules de tu blog, aunque no sin leer tus textos.
ResponderEliminarSe me acumulan los comentarios y son muchas las ideas que me provocan las lecturas.
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Me ha dado pena la muerte de G.G.M. Me gusta mucho su literatura y la música de sus frases. Y sí, sabía de su atormentada relación con la escritura. Le oí decir en una entrevista que nunca pensó en un éxito tan desmedido de Cien años de soledad. Que si lo llega a intuir nunca la hubiera publicado. Le cambió la vida y desde entonces se sentía muy presionado por la crítica, por sus colegas, por todo... Se hizo famoso y perdió la gracia del anonimato allá por donde iba.
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También le oí decir que se impuso un horario de colegio: se sentaba a escribir de nueve a dos. Y montones de días solo lograba hacer media cuartilla.
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Ay, las vidas secretas y misteriosas.
Me alegran siempre tus palabras, especialmente en un día como el de hoy.
ResponderEliminar***
"Y montones de días solo lograba escribir una cuartilla..". Impresiona en alguien como García Marquez. Con él me pasa lo que con algunas personas, me alegro tanto de que hayan tenido una vida larga.
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Me fascinan las vidas secretas, no puedo evitarlo.