miércoles, 9 de abril de 2014

EN EL HOSPITAL


"Trazas en el espejo
con el lápiz de labios el mapa
trashumante de la vida y lo vuelves
a borrar por retomar de nuevo
el mismo camino que reiniciaste
mil veces. Con el lápiz de labios"

Juan José Vélez Otero


Balthus



Justo en el instante en el que subo la cremallera de esas botas camel que tanto trabajo me había costado encontrar, suena el teléfono. Dejo caer las botas y en pocos segundos estoy ya muy lejos de la tienda y siento cómo a mis espaldas empiezan a desmoronarse las promesas del día como un endeble castillo de naipes. El mundo contiene la respiración y todo se queda en silencio en ese segundo en el que acierto a oír tu voz entrecortada que me dice que algo está pasando en casa.

Mientras conduzco, aún sin saber muy bien qué me encontraré al llegar, me invade ese sabor herrumbroso del miedo que ya me sé de memoria. Los kilómetros se hacen lentos mientras mis pensamientos vuelven una y otra vez al sonido metálico de la cremallera que se cierra. Palpó la fragilidad de la vida y vuelvo el rostro por si no me encuentra. 


Llego y te veo. Aturdido pero a salvo. Respiro y mido, cautelosa, la fortaleza y la obstinación de algunas vidas. El misterio de saberte bien me hiela la sangre una vez más. Y empezamos a mover las pocas piezas de nuestro puzzle familiar para replegarnos y soportar: yo me quedo con los críos mientras tu estás en el hospital... Yo voy a Murcia en cuanto salga del trabajo y ya no duerme sola... Parecemos una de las bolas de pokemon con las que juega Jorge: inexpugnables cuando están cerradas. 

Y recobramos el aliento, como otras veces. Y en unos días nos hacemos los olvidadizos, como si ignorásemos que este no es más que el preludio de ese otro momento definitivo para el que nunca estaremos preparados, por más muecas que finjamos, por más que intentemos borrar una y otra vez las señales que va dejando la vida en el espejo.


3 comentarios:

  1. Qué bien cuentas, C. Qué bien describes las sensaciones y los sentimientos que surgen ante una llamada imprevista, que rompe de pronto cualquier acto, subir o bajar una cremallera, y te obliga a actuar, a cambiar radicalmente tus planes...
    &&&

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  2. Te estaba escribiendo desde la tableta, derrengada en el sofá, y se borra, y se atasca y pierdo la calma...
    ***
    Me he venido al ordenador, a mi despacho.
    ***
    Espero que tu padre vaya mejorando y que haya sido un susto pasajero y aislado.
    Ay, los padres que también van creciendo en años y en achaques. Y que, casi sin darnos cuenta, son ellos los que ahora reciben nuestros cuidados; los que esperan nuestras decisiones, nuestro cobijo. Un cambio en los papeles...
    ***
    Me sigue emocionando Balthus. Y en tu escrito cobra otros sentidos, se llena de nuevas sugerencias. Como el poema de Vélez Otero.
    ***
    ¡Buenas noches!

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  3. La vida empieza a estar poblada de posibles llamadas que cambian el rumbo de los acontecimientos. Aprendo a verlas con mirada comprensiva. Pero lo más duro es, como tu dices, ver como nuestros padres dejan de estar en esa atemporalidad en la que los colocamos desde la infancia. Como sí fuesen inmortales.
    Lo de mi padre fue finalmente un susto. Todo ha quedado en un pequeño descanso de hospital.
    ***
    Gracias, como siempre, por tus enriquecedoras sugerencias: pintores, escritores, todo vale en este compartir tan enriquecedor.

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