domingo, 10 de febrero de 2013

LA TENIENTE O'NEIL


"Me corto el pelo una y otra vez
me quiero defender"
El último de la fila, Insurrección

Todos los que nos dedicamos a la docencia recordamos con nitidez nuestro primer año de trabajo: yo tenía 24 años, era tan tímida y mis alumnos tan mayores, que en numerosas ocasiones me confundieron con uno de ellos. Pero, desde el primer día que crucé la puerta del aula, supe que había nacido para esto: traspasaba el umbral y me transformaba en alguien completamente diferente; probablemente en la persona que siempre había querido ser en la vida real. Pues bien, aquel año me bautizaron con un apodo del que aún me siento muy orgullosa: "la teniente O'neil"; por aquel entonces yo llevaba el pelo casi tan corto como ella.

Y si hoy vuelvo a recuerdos ya tan lejanos es porque desde que supe que acabaría perdiendo la melena que tantos años y tantos cuidados me había costado, pensé en cómo lo haría cuando llegara el momento. Empecé a rastrear por internet imágenes de famosas que, por exigencias del guión o por decisión propia, se habían afeitado la cabeza. Agradecí ver fotos de mujeres realmente tan hermosas. Encontré el vídeo de una actriz muy joven que lloró desconsoladamente mientras las peluqueras le afeitaban la cabeza. En realidad solo estaba posponiendo una imagen que yo  conservaba nítidamente en mi memoria y que no había vuelto a ver desde mis ya lejanos 24 años:


Creo que, ahora sí, si aquellos alumnos de entonces me vieran, pensarían que me he ganado el mote a pulso. Ayer pude elegir, sabía que sólo cabían dos opciones: sentarme y llorar mientras alguien me afeitaba la cabeza o ser yo misma quien iniciase esa tarea tan temida. Y con mano trémula, mientras mi hermana grababa en silencio con su cámara cada uno de mis vacilantes gestos, fui dando las primeras pasadas. Después, ya sin cámara, llegó el momento amable, mientras Bienvenido Ochoa terminaba el trabajo que tan bien sabe hacer. Y ya cuando pude contemplar su obra definitiva en el espejo, supe que, al fin, había aprendido otra lección definitiva para mi vida: la dignidad.

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