A Carlos
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| El cumpleaños, M. Chagall |
-Prométeme que te desenamorarás de mí cuando quieras, ¿de acuerdo?-le dijo la primera vez con cara de niña mala y gesto desafiante.
Él, por toda respuesta, le devolvió una mirada cómplice.
Desde entonces, la pregunta se convirtió en un juego que repetían a diario, en esa suerte de código descifrable solo para dos. Se lo hizo prometer el día que tuvo que hacer de improvisado peluquero porque no había tiempo para acudir a la peluquería; se lo volvió a pedir el día que tuvo que hacer de improvisado enfermero porque ella no se atrevía con las agujas; y el día que tuvo que hacer de improvisado sastre porque la manga del pijama era demasiado estrecha. Y él siempre le devolvía la misma mirada cómplice de la primera vez. Y ella se obstinaba en preguntar porque, en el fondo, le asustaba experimentar la certeza de tanta bondad.

¡WUAUUUUUU!
ResponderEliminar(Solo una enorme exclamación onomatopéyica)