miércoles, 20 de febrero de 2013

MICRORRELATO: SOLIDARIDAD




René Magritte
La solidaridad comienza así, de manera imperceptible: al principio, un ligero gesto de respeto al pasar junto a ellos por la calle; días después, te descubres pensando en el estoicismo y la resignación de que hacen gala en  los fríos y duros días de invierno; y, finalmente, un guiño impredecible del destino te convierte en presidenta honorífica de una asociación llamada: "no habrá paz para los calvos".

4 comentarios:

  1. Pido disculpas por este disparatado relato. Las palabras pueden aliarse con quien las escribe y convertirse en arma arrojadiza para defender, al menos, la cordura.

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  2. A mí me ha gustado mucho tu relato. Y, cosas de la interpretación y de la lectura(también las palabras se alían con quien las lee), me ha venido a la cabeza la desasosegante obsesión de un amigo que fue perdiendo el pelo con el paso de los años. Primero se dejaba crecer algunos restos de las patillas y se envolvía la cabeza con ellos, cuidadosamente engominados. A su hija pequeña le gustaba desliarlos con una sonrisa malévola. Luego, se hizo implantes. Parecía que le habían sembrado pinchas de cactus que no terminaban de crecer. (Imagino que ahora habrán perfeccionado las técnicas). No tenía paz ni consuelo y probaba todos los mejunjes que le recomendaban. Hoy alardea del brillo de su calva y se ríe presumido de aquella etapa que le quitaba el sueño.
    ***
    Imagino que pasa como cuando estás embarazada: las ves por todas partes.
    ¡Cuántas sillas de ruedas nos encontrábamos por la calle cuando yo empujaba la de mi padre!
    ***
    Pues sí; me ha gustado. Tiene además un punto de humor inteligente y crítico. Y un final que sorprende. ¡Podría haberlo firmado Eduardo Galeano!

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  3. Esta mañana he empezado a sentirme peor. Y me ha dado por pensar que el resfriado tenía su origen en mi ausencia de pelo. Me he enfadado mucho al no saber gestionar lo de las pelucas, gorros y pañuelos. Y he escrito ese relato a modo de liberación. Pero, cuando la fiebre ha seguido subiendo,ajena a mi terapia, he sabido que el hospital me esperaba. Y justo antes de salir, he pulsado el botón de publicar,por sí tardaba en regresar. Ahora, mi oncólogo me ha prometido una habitación como regalo de cumpleaños. Y yo no puedo evitar sonreír con esta extraña forma de cumplir 40 años.

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  4. Ahora, mientras lees estas letras, tendrías que oírme cantar "Cumpleaños feliz" con la voz de María Callas. Y después notar un abrazo grande, grande, con todos los deseos que te hagan feliz. ¡Entras en una década fantástica, de comienzo de la plenitud!
    Y estás con fiebre, en una habitación de hospital... ¡Vaya!
    ¡Hoy, precisamente!
    Es lo que suele pasar a los niños, que se ponen malitos el día de la excursión, o el día que toda la clase va a ir disfrazada y van a comer caramelos. Te pasa por ser tan joven... Hay mucha gripe, virus sueltos de garganta, de estómago, de todo.
    Y cogiste la gripe para tu cumpleaños y casi que para el fin de semana.
    (Espero que puedas seguir escribiendo y sobre todo, que dure muy poquito el malestar)

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