jueves, 14 de febrero de 2013

MAZAPANES


Honziguera: en la tierra de Jauja hay muchas cajas de confituras, mazapanes, merengues, arroz con leche, natillas (...) y unas y otras están diciendo: "cómeme"
Lope de Rueda: La tierra de Jauja


Todos tenemos, lo que yo llamo irónicamente, capítulos oscuros en nuestra biografía. De mi infancia, mi familia disfruta mucho contando tres escenas que a ellos e incluso a mis hijos, les parecen muy divertidas; a mí, como podréis imaginar, no tanto. Os voy a contar solo una de ellas.

Eran los días previos a diciembre, pero por la casa ya se olía a navidad. Mi hermano y yo éramos pequeños (yo no tendría más de cinco o seis años) y estábamos pasando una aburrida tarde de domingo, hasta que a mi compañero de juegos se le ocurrió la brillante idea de abrir una caja de mazapanes. Yo solo recuerdo la forma enigmática de ofrecerme cada una de aquellas figuritas: ahora un arbolito, y una estrella y un lazo...no sé cuántos imágenes diferentes podría contener aquella caja, pero lo que sí sé es que no quedó ni una. Después llegó la tradicional visita a casa de los abuelos, como todos los domingos. La pasé estoicamente, pero cuando montamos en el coche, le pedí a mi padre que parara, no era posible mentir por más tiempo. 

Hasta hace pocos años, he mantenido una relación de amor-odio con los mazapanes, solo su recuerdo me producía unas terribles nauseas y por supuesto, en navidad evitaba incluso hasta mirarlos; siempre guardaba una distancia prudencial de la bandeja de dulces, por si acaso.

Nunca he vuelto a experimentar una sensación de repulsa tan aguda, ni siquiera con los recuerdos de los peores amores. Nunca hasta ahora, claro. Hasta el punto de que la quimio me ha empezado a generar un fuerte sentimiento de solidaridad con todas las embarazadas del mundo (aunque siempre pienso que el mío es peor porque yo espero por lo menos trillizos); incluso mi tía, cuando llama para preguntar, siempre empieza: "¿y qué tal el embarazo? " a lo que yo respondo: "bien, bien, ya vamos de una semanas más". Porque las embarazadas de antes contaban el embarazo por meses; las de hoy, en cambio, contamos por semanas y yo imagino que es por tantas dificultades como tenemos para concebirlos y después para conseguir llevarlos a término.

Y toda esta historia, para acabar diciendo que la terapia ha sido buena y que me siento mejor. Pero, siento decepcionaros, no es cierto; aunque tengo la impresión de que la culpa la vuelven a tener una vez más los mazapanes de mi hermano.

2 comentarios:

  1. Me pasó algo parecido con los melocotones en almíbar... ¡No los puedo ni oler a distancia considerable! Y mucho menos, abrir una lata, y notarlos resbaladizos y densos cuando intento ponerlos en un plato. (Siempre haciendo un esfuerzo considerable)
    AGGGG!
    Esos atracones de la infancia juegan malas pasadas. Pero sirven para expresar muy bien lo que uno siente.

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  2. ¡Qué bien compartir recuerdos de la infancia! Un lugar mítico y mágico al que ya nunca volvemos, pero cuyo aroma y sabor nos acompaña siempre.

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