Recordaba la apuesta que invariablemente hacían al final de cada verano: el que recuperara su peso antes, ganaba. Y aquí estaba, frente a él, en el restaurante más caro de la ciudad, incapaz de contarle que este año no abonarían la cena a medias, como siempre; incapaz de confesarle que no habría un próximo verano en la playa. Convencida, ahora sí, de que ganar no siempre fue la mejor opción.

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