martes, 26 de febrero de 2013

MICRORRELATO



A Carlos


El cumpleaños, M. Chagall


-Prométeme que te desenamorarás de mí cuando quieras, ¿de acuerdo?-le dijo la primera vez con cara de niña mala y gesto desafiante.

Él, por toda respuesta, le devolvió una mirada cómplice.

Desde entonces, la pregunta  se convirtió en un juego que repetían a diario, en esa suerte de código descifrable solo para dos. Se lo hizo prometer el día que tuvo que hacer de improvisado peluquero porque no había tiempo para acudir a la peluquería; se lo volvió a pedir el día que tuvo que hacer de improvisado enfermero porque ella no se atrevía con las agujas; y el día que tuvo que hacer de improvisado sastre porque la manga del pijama era demasiado estrecha. Y él siempre le devolvía la misma mirada cómplice de la primera vez. Y ella se obstinaba en preguntar porque, en el fondo, le asustaba experimentar la certeza de tanta bondad. 


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