lunes, 18 de febrero de 2013

LIBRO DE VIAJE: PRIMERA Y SEGUNDA JORNADA



"Aunque fuera yo más elocuente y mi pluma más dócil, hubiera sido incapaz de describir lo que se siente cuando, tras semanas de agotadora travesía, con los ojos lacerados por los vientos de arena, la boca tumefacta por un agua salada y tibia, el cuerpo abrasado, sucio, dolorido de mil agujetas, se ven aparecer por fin los muros de Tombuctú. Es cierto, que al salir del desierto, todas las ciudades son bellas, todos los oasis se asemejan al jardín del Edén (...)

Amin Maalouf: León el Africano

Llevo ya dos meses en el desierto. Estoy aquí, es cierto, en contra de mi voluntad. Conozco de memoria el camino que debo recorrer, lo he repasado mentalmente cada una de las noches que preceden el inicio de cada jornada. He anotado con detalle en mi cuaderno   la magnitud de los obstáculos a los que me he ido enfrentando en mi primer viaje . He señalado con precisión en el mapa el lugar exacto de todos los lugares que con pie vacilante he pisado. Tenía la esperanza de encontrar la lógica del camino: una ruta inmutable y predecible para el resto de las jornadas -la incertidumbre convoca siempre nuestros más ocultos fantasmas-.

Pero a pocos pasos de acabar mi segundo viaje, a solo unos metros de la salida del desierto, mis mapas se vuelven ilegibles, y en sus márgenes raídos el cartógrafo medieval espeta: "más allá hay monstruos"; o para ser más precisos: "aquí hay dragones". Si nadie había vuelto tras intentar cruzar aquel desierto por algo sería... Pero ya no siento miedo. Estoy en paz. Contemplo el cielo. Sé que cuando amanezca, aparecerá el oasis.




2 comentarios:

  1. ¡Cuántas veces he viajado con un atlas, con mapas de nombres desconocidos, cruzando ríos y montañas! Me encanta hacerlo todavía, y planifico rutas que no sé si llegaré a hacer algún día.
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    Un atlas era lo único que hacía sonreír a tres alumnos chinos a los que intentaba enseñar algo de español: cuando buscábamos sus pueblos en la inmensidad de Asia. Y trazábamos la ruta de su viaje a España.
    No recuerdo si entonces estabas tú en el instituto. A lo mejor hasta los conociste. Eran dos hermanos que deambulaban por los pasillos -no querían entrar en clase- y una chica, tímida, silenciosa y enigmática. No sabían ni inglés, ni francés, ni español... Tampoco yo sabía nada de chino. Nos comunicábamos con las manos y con dibujos. Tardaron dos semanas en entender mi nombre. Y el día que lo hicieron me enseñaron orgullosos y muy felices una foto que llevaban en el móvil de última generación: un alto edificio de Shanghái en cuya cima se leía AURORA con letras de neón.(Aulola, aulola... Es verdad lo de la "R" en "L" de los chistes de chinos)
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    Tu travesía es dura, oscura y llena de monstruos feroces. Pero te guían hadas buenas; tienes horribles pócimas salvadoras; una familia que confía en tu triunfo; muchos amigos que te empujan desde el silencio; y una fuerza inmensa.
    Llegarás al oasis y a dónde tú quieras.
    Y sí. El año próximo celebraremos los cumpleaños un día entre el 18 y el 21.

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  2. Y juntas vamos trazando un mapa que ya no es solo mío. En él descubro huellas ancestrales que me permiten seguir adelante, siempre adelante, camino de la aurora.

    ¡Felicidades!

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