viernes, 8 de febrero de 2013

¿POR QUÉ ELEFANTES?



El animal más grande y más próximo a los sentidos humanos es el elefante: ellos tienen inteligencia, obediencia a las órdenes y lenguaje de su país, memoria de los trabajos que han aprendido, deseo de amor y gloria, y por otro lado, virtudes que son raras incluso en el hombre: bondad, prudencia, moderación... 
Plinio, Historia Naturalis


De la superioridad del elefante frente al resto de animales, nos hablan ya nuestros autores clásicos. Hasta el punto de que el propio Aristóteles  en su tratado De caelo utiliza el elefante como argumento a favor de la esfericidad de la tierra:  si hay elefantes tanto en el extremo occidental del mundo conocido -las Columnas de Hércules- como en el extremo oriental -la India- eso prueba que ambas regiones son en realidad cercanas en el espacio. El argumento era, según señala el filósofo mismo, opinión difundida en su tiempo, lo que da una idea de la fuerza con que el magnífico animal había impresionado la imaginación de los hombres de la antigüedad. (cf El elefante, una caso paradigmático en la historia del contacto entre las culturas de la India, Grecia y Roma)

Hemos recibido, pues, el legado de la imagen amable y bondadosa de este animal que ocupa el primer lugar entre los de su especie. ¿Puede alguien en su sano juicio pretender devorar elefantes? La respuesta es sí, un sí rotundo. Y eso lo saben bien muchas de las mujeres que han padecido cáncer de mama.  

De ellas escuché una historia que contenía la metáfora más hermosa y más útil que jamás haya encontrado -suponiendo que las metáforas puedan llevarse bien con ese concepto tan pragmático de utilidad- Cuando aún estaba en esos días en los que no hacía otra cosa que llorar sobre el hombro de Carlos, recibí una llamada providencial, y una voz a la que tardé semanas en ponerle rostro, me habló por primera vez de elefantes. Me preguntó si sería capaz de comerme uno y, ante mi elocuente silencio, me respondió que sí, que bocado a bocado, sería capaz. María José me regaló una imagen que me ha acompañado desde entonces. Una suerte de talismán que me ayudó a recorrer los primeros pasos de este largo camino, a dar mis primeros bocados.


Desde ese momento, me rodeé de elefantes; hasta Jorge me regaló su elefante favorito, pero era muy grande y emitía un sonido ensordecedor. Y, de repente, recordé la imagen de la boa abierta y la boa cerrada de El principito y supe que ya no sería necesario dar pequeños bocados, que estaba dispuesta a tragármelo entero y hacer una larga digestión de seis meses, tantos como meses duraría mi quimio.

Leí que el período de gestación de los elefantes comprende aproximadamente 22 meses y que es uno de los más largos en el reino animal; la razón es el enorme tamaño del elefante y su lento desarrollo en este período de gestación. De modo que los Reyes Magos me trajeron este regalo tan especial. Sé que este es mi elefante. Cuando nazca, pretendo domesticarlo, comprenderlo, aprender a vivir con él.




  

2 comentarios:

  1. Me quedé con las ganas de subirme a un elefante enorme, de ojos dóciles y brillantes, que había aprendido a doblar las rodillas para facilitar que se pudiera escalar hasta su cima. Una cestilla llena de cojines de colores me esperaba en lo alto; ya me imaginaba como una princesa del Majabharata, allá arriba, pequeñita...
    Costaba un dólar el paseo por un lugar perdido de Tailandia. Y solo un dólar nos quedaba en el bolsillo (qué tiempos aquellos de los veintitantos).
    Dejé el paseo pendiente para otra ocasión.
    Y ahora te encuentro dominando la fuerza del elefante. Podrás con él. Ya estás pudiendo.

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  2. Dice Joaquín Sabina que "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver"...y tú, en cambio, decides volver en tu recuerdo a ese lugar alejado en el espacio y en el tiempo... y me regalas esta historia... Y haces que sea yo la que se siente como una princesa del Majabharata... Y tus palabras tienen un poder inmenso...

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