miércoles, 19 de marzo de 2014

FELICIDAD CLANDESTINA


"Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina"

Clarice Lispector, "Felicidad clandestina"



"Lectura",Jan De Maesschalck


Recuerdo haber descubierto esa felicidad clandestina con un libro de mi infancia. Tenía nueve o diez años y también yo fui poniendo obstáculos que postergaran ese momento temido y ansiado de llegar a la última página. Me gustaba tanto que, desde el principio, tuve presente la amenaza que supondría seguir avanzando. Ese final diferido dio una extraña emoción a mi lectura, que desde entonces, se convirtió en un placer clandestino. Aquella primera experiencia de la infancia marcaría probablemente para siempre una forma particular de entender la felicidad.


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