"Quizá soñar sea el único inventario de lo cierto,
pues cuanto hemos visto es,
de lo real,
tan solo unos destellos de deseo"
Antonio Lucas, "Lo real"
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| M. Chagall, "Novia de dos caras" |
Ahora que sé que te has ido definitivamente, como la visita educada que al dar las nueve sale apresurada del salón, empiezas a vivir en cada uno de mis sueños. Esta noche, tú eras tú y todos los hombres a los que he amado. En ti, confundidos, mis quince años, y mis treinta y mis cuarenta. Me regalabas un vestidito de muñecas y yo te confesaba, alegre, que aún las conservo casi intactas, igual que mi infancia. Sé que te has sentido como en casa y que escondes voluntad de permanencia, ¡a mi no me engañas! Tampoco me engaño yo cuando te confieso, un tanto avergonzada, que cada noche, desde hoy, acudiré presurosa a mis sueños, por si te encuentro. Aunque sepa que despertar atrapada en el mismo desconsuelo de la novia que llega demasiado pronto el día de su boda es mi destino más seguro.

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ResponderEliminarYo no soy de aniversarios, los ritos de paso no acabo de entenderlos y, a veces, sobretodo cuando mis hijos eran pequeños, me pareció que era algo que debía cambiar pero… no pude. Hoy me llega contigo la necesidad de darle un significado al hecho de que en estos días, Gonzalo cumple 29 años de fallecido; el doble del tiempo que crecimos juntos +1. Elijo esta entrada que no tenía comentarios para dejarte estas palabras porque, aunque es de hace 3 años, muestra esa dificultad que tenemos para aceptar que ya no está ese hombre a quien tanto amamos ayer, amamos hoy y que seguiremos amando mañana.
EliminarSoy bióloga/ecóloga de bosques y 3 años después de la muerte de Gonzalo, pasé todo un día trabajando en la cima de una montaña con un colega que había llegado a mi universidad unos días antes a dar un curso de 3 semanas. Pasamos todo el día preguntándonos, respondiéndonos, explicándonos. La empatía y afinidades me echaron a volar y para cuando terminamos la jornada y nos reunimos con el resto del grupo en el autobús, yo estaba perdidamente enamorada de ese hombre hasta que… lo escuché platicarles a unos amigos que estaba esperando un hijo mientras abría su cartera y les mostraba una foto de su esposa. Me río tanto de recordarlo porque yo me enamoré solita; no hubo nada en él que me invitase a ello salvo su inteligencia y natural encanto. Pensando en ello después, me di cuenta de que nada de la conversación había tocado temas personales, ni suyos ni míos. Esa noche, ya te imaginarás mi llanto lleno de desencanto pero, querida Carmen –y esto es lo importante que después de tanto rodeo quiero decirte- lo que más había en ese llanto era la felicidad al descubrir que podía volver a amar a otro hombre aunque fuese una causa perdida. Fue un momento muy liberador… la falta de Gonzalo cobró una dimensión menos dolorosa. Nos hace mucho bien encontrar otro hombre, aunque sea solamente para soñar con el que se fue... y con el que no será.