Y aunque no sabía muy bien quién era ese señor, cada vez que la veía parapetada tras sus libros y con cara de pocos amigos, volvía a escuchar aquello de que si Cervantes hubiera tenido dos hijos a su cargo, no habría pasado de "En un lugar de la Mancha". Y sonreía, y pese a su corta edad, ya intuía él que el Cervantes ese era alguien importante para su madre. Seguro que algún antiguo novio, -se decía a sí mismo- que aún no ha conseguido olvidar.

Jejejeje!
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Un día, hablando en clase de Antonio Machado, mi hijo, entonces pequeño de 5 o 6 años, dijo:
- Ese es un amigo de mi madre
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También me he acordado de Pedro Cobos, un escritor amigo nuestro ya fallecido que cuando llamaba a casa y cogía mi hijo el teléfono, decía después de saludarlo:
- Dile a tu padre ( o a tu madre ) que se ponga que lo llama Jacinto Benavente...
(O una larga nómina de escritores)
Me moría yo de la risa al oír a mi hijo
- Que te llama Rubén Darío...
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Esa tontería pero sin intelectualidades, en frívolo, la imito yo todavía cuando llamo al despacho de mi hermana Pili, abogada, y coge el teléfono un administrativo. Siempre uso el nombre de algún famoso o político encausado por algo... Tengo una buena nómina. El joven no se entera normalmente, pero mi hermana se ponen muerta de risa. Y se asombra de que sea ta gansa con la edad que voy teniendo...
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tan gansa... (me faltó la "n")
ResponderEliminarMe encanta. ¡Qué divertida puede llegar a ser la literatura!
ResponderEliminarUn poco de literatura puede dar un toque diferente a la vida cuando esta se pone tan formal.
¡Qué bien permitirse el lujo de hacer gansadas!