"Joaquín Benito de Lucas, Rafael Alberti, Concha Zardoya, J.J: Armas Marcelo, Y Leonardo de Arrizabalga y Prado. Dámaso Alonso y Jose Luis Alegre. Pureza Canelo, Féliz de Azúa, José Elías, Juan Gil-Albert y Justo Guedeja Marrón (...) Una sola cosa es cierta. Que somos demasiados"
Me gustan las poéticas. Me detengo siempre al comienzo de algunos poemarios en esa justificación íntima y a veces inútil de los principios o reglas que rigen su discurso. Me gusta especialmente esta: no hay mayor justificación para un texto que los nombres de otros autores a través de los cuales ha transitado un poeta hasta llegar a alcanzar su voz.
Pero más urgente, si cabe, es la confección de la propia poética vital: justificar la vida en los nombres de aquellos a través de los que hemos transitado hasta llegar a ser quienes somos. Hacer la lista. Contar los nombres -casi siempre salen los mismos, alguna sorpresa de última hora-. Saber reconocerse en cada uno de ellos. Reordenarlos cada cierto tiempo. Romperla cuando la vida aprieta. Y volver a empezar. Y al final comprobar que una sola cosa es cierta: que, aunque así lo sintamos a veces, no son demasiados porque cada nombre se vuelve irreemplazable en el perfecto entramado de una vida.

Pues sí. Estoy contigo en lo que dices: "cada nombre se vuelve irreemplazable en el perfecto entramado de la vida".
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Ayer estuve en el instituto. Me gustó volver. Ya cuando iba caminando en el fresquito de la mañana volví a sentir la ilusión tantas veces sentida cuando iba a clase llena de energía y optimismo. Ilusionada. Me ha encantado mi profesión.
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Volver a ver a algunos compañeros también ha sido emocionante. Las profesoras alemanas, agradables. Estuve un poquito con Carlos, que nos enseñó su Departamento.
Me gusta tanto oírte decir eso: "me ha encantado mi profesión". Creo que esa no es una pose que se pueda adoptar: o te gusta o no, y lo perciben los alumnos y los compañeros y todo el entorno se enriquece con personas así.
EliminarYo doy fe de que has sido, de que eres, una de ellas.